La tomografía es un estudio por imagen de alta resolución que permite visualizar el interior del cuerpo humano en cortes transversales. Utiliza rayos X y un sistema computarizado para generar imágenes detalladas de huesos, órganos y tejidos blandos. Aunque se trata de una herramienta diagnóstica muy útil y precisa, su uso en pacientes pediátricos genera preocupaciones legítimas, especialmente por la exposición a radiación ionizante.
Cuando se solicita una tomografía en niños, es fundamental evaluar los beneficios clínicos frente a los posibles riesgos. El objetivo médico siempre será obtener la información necesaria con el menor impacto posible en la salud del paciente.
Indicaciones clínicas de una tomografía en la infancia
La tomografía en pacientes pediátricos se indica únicamente cuando es estrictamente necesaria. Existen múltiples situaciones clínicas en las que este estudio resulta indispensable para el diagnóstico, la evaluación de la gravedad o el seguimiento de una enfermedad.
Entre las principales indicaciones se encuentran:
- Traumatismos craneoencefálicos: para descartar hemorragias, fracturas o lesiones cerebrales en casos de golpes severos o caídas.
- Malformaciones congénitas: evaluación detallada de estructuras cerebrales, cardíacas o musculoesqueléticas en recién nacidos o lactantes.
- Procesos infecciosos complicados: como abscesos cerebrales, neumonías graves, mastoiditis o infecciones abdominales.
- Sospecha de tumores o masas abdominales: para determinar localización, tamaño y compromiso de órganos vecinos.
- Anomalías en senos paranasales o estructuras faciales: cuando no es posible llegar a un diagnóstico con otros métodos.
El criterio clínico del pediatra o del médico especialista en imagen es indispensable para definir cuándo la tomografía está justificada y cuál es el tipo de estudio más adecuado.
Radiación ionizante y riesgos en la infancia
Una de las principales preocupaciones en el uso de tomografía en niños es la exposición a radiación. A diferencia de los adultos, los tejidos pediátricos están en desarrollo, lo que los hace más sensibles a los efectos de la radiación ionizante. Además, los niños tienen una mayor esperanza de vida, lo que incrementa el tiempo potencial para que se manifiesten efectos adversos a largo plazo.
Estudios científicos han demostrado que la exposición acumulativa a radiación médica en la infancia podría estar relacionada con un ligero aumento en el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer en etapas posteriores. Sin embargo, este riesgo es bajo cuando el estudio se realiza con los protocolos adecuados y se limita a situaciones clínicas bien justificadas.
La medicina actual se rige por el principio ALARA (“As Low As Reasonably Achievable”), que establece que toda exposición a radiación debe mantenerse en el nivel más bajo posible, sin comprometer la calidad del diagnóstico. Este principio es especialmente importante en pediatría.
Medidas de protección en tomografías pediátricas
Los centros de diagnóstico por imagen cuentan con protocolos específicos para estudios pediátricos. Estas medidas buscan reducir al mínimo la dosis de radiación sin perder la calidad diagnóstica de las imágenes obtenidas.
Entre las estrategias de protección más relevantes se encuentran:
- Ajuste automático de la dosis de radiación según el tamaño y la edad del niño.
- Reducción del área a explorar, limitando la exposición solo a la región necesaria para el diagnóstico.
- Uso de blindaje con delantales de plomo en zonas no implicadas en el estudio.
- Empleo de técnicas de reconstrucción de imagen de baja dosis, disponibles en equipos modernos.
- Evitar estudios innecesarios o repetitivos, especialmente cuando ya existen imágenes previas disponibles.
Estas acciones, combinadas con la formación del personal médico y técnico, permiten realizar tomografías pediátricas con altos estándares de seguridad.
Alternativas a la tomografía en pacientes pediátricos
Siempre que sea posible, el médico evaluará la posibilidad de utilizar otras técnicas de imagen que no impliquen radiación. En muchas situaciones clínicas, existen estudios alternativos que pueden proporcionar información diagnóstica suficiente sin exponer al paciente a rayos X.
Entre las principales alternativas se encuentran:
- Ultrasonido (ecografía): no invasivo, seguro y muy útil en el estudio de órganos abdominales, estructuras blandas, cráneo en recién nacidos, tiroides, testículos o caderas.
- Resonancia magnética: no utiliza radiación y ofrece imágenes de alta resolución, especialmente útiles en neurología, ortopedia y evaluación de tejidos blandos.
- Radiografías simples: si bien también usan rayos X, la cantidad de radiación es mucho menor que en una tomografía.
La elección entre tomografía y métodos alternativos dependerá del tipo de sospecha clínica, la urgencia del diagnóstico y la disponibilidad de los equipos en el centro médico.
La importancia de la inmovilidad durante el estudio
Un desafío frecuente al realizar una tomografía en niños es lograr que permanezcan completamente inmóviles durante la adquisición de imágenes. Cualquier movimiento puede afectar la nitidez de la imagen y obligar a repetir el estudio, aumentando innecesariamente la exposición a radiación.
Para evitarlo, se utilizan estrategias como:
- Entrenamiento previo del niño, explicándole con lenguaje adecuado lo que va a suceder.
- Acompañamiento de los padres, que en algunos casos pueden permanecer en la sala durante el estudio con protección adecuada.
- Uso de dispositivos de sujeción acolchados, que mantienen al paciente en una posición estable y cómoda.
- Sedación leve, indicada únicamente cuando el niño no colabora y se necesita un estudio preciso. La sedación debe ser siempre administrada y monitoreada por un especialista.
Estas medidas garantizan la seguridad del paciente y la eficacia del estudio, reduciendo al mínimo la necesidad de repeticiones.
Recomendaciones para padres y cuidadores
Cuando se indica una tomografía a un niño, es natural que los padres tengan inquietudes. Es fundamental que el equipo médico brinde información clara, detallada y basada en evidencia sobre la necesidad del estudio, el tipo de procedimiento y las medidas de protección utilizadas.
Los padres pueden colaborar siguiendo estas recomendaciones:
- Informar sobre antecedentes de alergias, condiciones médicas o tratamientos previos.
- Ayudar al niño a comprender el procedimiento, utilizando un lenguaje tranquilo y positivo.
- Llevar objetos familiares (peluches, mantas) que aporten seguridad durante el estudio.
- Seguir las indicaciones previas al examen, especialmente si se requiere ayuno o sedación.
El acompañamiento y la confianza de los padres son factores clave para reducir la ansiedad del niño y mejorar su cooperación durante el procedimiento.
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