Tanto el electrocardiograma como el ecocardiograma son estudios fundamentales en la valoración del sistema cardiovascular, pero cumplen funciones distintas y utilizan tecnologías diferentes. Conocer la diferencia entre ambos es importante para entender en qué casos se indica cada uno y qué tipo de información aporta al diagnóstico médico.
Electrocardiograma: registro de la actividad eléctrica
El electrocardiograma es una prueba no invasiva que capta la actividad eléctrica del corazón a través de electrodos colocados sobre la piel. Cada latido genera impulsos eléctricos que se representan en un trazo gráfico, permitiendo analizar el ritmo cardíaco, la frecuencia, la conducción eléctrica y la presencia de alteraciones como arritmias, bloqueos o signos de isquemia.
Este estudio es breve, indoloro y se realiza en reposo. Es ideal para detectar anomalías eléctricas y sirve como herramienta de primera línea en la evaluación de síntomas como palpitaciones, dolor torácico, mareo o pérdida de conciencia.
Un electrocardiograma no proporciona imágenes anatómicas del corazón ni permite evaluar directamente la función de las válvulas o el flujo sanguíneo, pero sí puede dar pistas sobre alteraciones estructurales cuando hay patrones eléctricos anormales.
Ecocardiograma: evaluación de la estructura y función cardíaca
El ecocardiograma es un estudio que utiliza ultrasonido para generar imágenes en tiempo real del corazón. A través de un transductor que se desplaza sobre el tórax o se introduce por el esófago (en el caso del ecocardiograma transesofágico), se obtienen imágenes que permiten visualizar las cavidades cardíacas, las válvulas, el movimiento del miocardio y el flujo sanguíneo.
A diferencia del electrocardiograma, el ecocardiograma brinda información anatómica detallada. Es útil para diagnosticar enfermedades como insuficiencia cardíaca, cardiopatías congénitas, valvulopatías, derrames pericárdicos y alteraciones en la contractilidad del músculo cardíaco.
Este estudio puede requerir más tiempo que un electrocardiograma y, dependiendo del tipo, puede necesitar sedación o preparación específica. No se enfoca en la electricidad del corazón, sino en su estructura y función mecánica.
¿Cuál estudio se requiere en cada caso?
La indicación de uno u otro depende del motivo de consulta y del juicio clínico del médico. En general, el electrocardiograma se utiliza como estudio inicial por su rapidez y accesibilidad, mientras que el ecocardiograma se solicita cuando se sospechan alteraciones estructurales o se requiere un análisis funcional más profundo.
Ambos estudios son complementarios y, en muchas ocasiones, se utilizan en conjunto para lograr un diagnóstico integral. Por ejemplo, ante una sospecha de infarto agudo, el electrocardiograma permite detectar signos de isquemia, mientras que el ecocardiograma ayuda a evaluar la función del músculo cardíaco afectado.
Si experimentas síntomas relacionados con el corazón o tienes antecedentes de enfermedades cardiovasculares, acude al médico. Realizarte un electrocardiograma o un ecocardiograma en un laboratorio certificado puede marcar la diferencia en la detección temprana de enfermedades y ayudarte a cuidar tu salud de forma preventiva.