La mastografía es un estudio radiológico que desempeña un papel esencial en la detección temprana del cáncer de mama. Su aplicación regular permite identificar lesiones en el tejido mamario antes de que se manifiesten síntomas, lo que incrementa significativamente las posibilidades de tratamiento oportuno y efectivo. Una de las preguntas más comunes entre las pacientes es la frecuencia con la que debe realizarse esta prueba, lo cual varía según la edad, los antecedentes personales y familiares, así como otros factores de riesgo.
Frecuencia recomendada en mujeres sin factores de riesgo
En mujeres aparentemente sanas, sin antecedentes familiares de cáncer de mama ni factores de riesgo adicionales, las principales organizaciones médicas sugieren iniciar la mastografía de tamizaje a partir de los 40 años de edad. La recomendación general es realizar el estudio de forma anual o cada dos años, dependiendo del criterio del médico tratante y del perfil clínico de la paciente.
La periodicidad bienal suele indicarse cuando no existen hallazgos previos ni signos de riesgo, mientras que la mastografía anual puede considerarse en mujeres con mayor densidad mamaria o con otros antecedentes ginecológicos relevantes. A partir de los 70 años, la continuidad del tamizaje debe evaluarse individualmente, considerando el estado general de salud y la expectativa de vida.
Frecuencia de la mastografía en mujeres con riesgo elevado
En casos donde existe una historia familiar de cáncer de mama, mutaciones genéticas como BRCA1 o BRCA2, exposición prolongada a estrógenos o antecedentes personales de enfermedades mamarias proliferativas, el protocolo de detección cambia considerablemente. En estos escenarios, la mastografía debe iniciarse antes de los 40 años, generalmente entre los 30 y 35 años, y repetirse de forma anual.
Además, puede ser necesario complementar la evaluación con otros estudios de imagen como el ultrasonido mamario o la resonancia magnética, especialmente si se trata de tejido mamario denso o si existen hallazgos sospechosos en estudios previos.
Seguimiento posterior a resultados anormales
Cuando una mastografía muestra hallazgos que requieren seguimiento —como nódulos, microcalcificaciones o asimetrías—, el especialista puede indicar una nueva evaluación a corto plazo. Esto suele realizarse en un periodo de 6 meses, con el fin de observar si la alteración permanece estable o si presenta cambios que ameriten una biopsia o intervención adicional.
Este tipo de seguimiento también aplica para mujeres con historia previa de cáncer de mama, quienes deben continuar con controles más frecuentes y personalizados para vigilar la recurrencia o aparición de nuevas lesiones.
La vigilancia mamaria sistemática mediante la mastografía es una herramienta clave en la medicina preventiva. No solo ayuda a detectar el cáncer de forma precoz, sino que también brinda tranquilidad a las pacientes que desean cuidar su salud integral. Agenda tu estudio con regularidad y acompáñalo con una prueba de laboratorio que te permita conocer el estado general de tu cuerpo. La prevención es el primer paso hacia el bienestar.







